He escrito muchísimas cosas estos días y por cuestiones de tiempo no las he podido pasar al blog, bueno para que le hecho la culpa al tiempo soy yo, quien no ha tomado la iniciativa de hacerlo.
He estado leyendo un libro muy bueno se llama El hombre en busca del sentido, de Victor Frankl debo decir que lo encuentro un tanto existencial y como no habría de serlo si nos describe la vida de un psicólogo (Víctor Frankl) en un campo de concentración. Hay varias cosas que me llamaron mucho la atención, una de ellas es la forma en que aborda y cuenta su vida y la de otros sin emitir algún tipo de juicio moral, ya que dadas las condiciones en las que vivían los recluidos en el campo de concentración el enjuiciar resultaría poco objetivo y reprochable. Otra cosa interesante, es que al ser él psicólogo describe de forma detallada las fases en el psiquismo de los recluidos, fases de adaptación a un medio sumamente hostil y degradante. Lo encuentro un libro bastante enternecedor... que me hizo valorar aún mas algunas cosas, como el amor a mi familia y a mi pareja, volví a preguntarme la razón de mi existencia de una manera más realista y aterrizable, he buscado y analizado cual es mi sentido de vida, un sentido que debo decirlo estoy en proceso de descifrar, no sé si es el ayudar a otras personas como lo es para muchas que describe el libro, no sé si es ser alguien importante en la vida, no sé si es dejar una huella imborrable en la tierra... no sé muchas cosas, pero sé que para algo y por algo estoy viva y ese algo es el sentido de vida, un sentido de vida inexplorado...
Entre otras cosas, Victor Frankl dice:
Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -LA ELECCIÓN DE LA ACTITUD PERSONAL que debe adoptar frente al destino para decidir su propio camino.
Cuanta razón tiene Frankl al decir lo anterior, ya que considero ¡es cierto! es lo único que tenemos y poseemos: la actitud personal, la forma en que vemos el mundo podría liberarnos o aprisionarnos, la actitud que tenemos al enfrentarnos a este también.
Y bueno dentro de tanta desgracia, indignación y humillación vivida en los campos Victor Frankl encuentra en estos tres años de vida en el jager o campamento situaciones que encuentra más que bellas, reconfortantes e impactantes que detallan una especial e íntima grandeza humana.
Frankl relata lo siguiente: Como cuando presencié la muerte en el campo de aquella joven mujer. Es una historia sencilla; poco hay que contar, y hasta puede parecer una invención, pero a mí me suena como un poema. Esta joven conocía su muerte cercana, cuestión de días. Con todo se encontraba serena y algo animada.Conversé con ella -Me alegro de que el destino se haya cebado en mi con tanta dureza. En mi vida anterior fui una niña consentida y no cumplía con mis deberes espirituales-. Señaló la ventana del barracón y me dijo: -Aquel árbol es el único amigo que me queda en esta soledad-. Era cierto, por la ventana se acertaba a ver una rama de un castaño con dos brotes en flor. -A menudo le hablo a ese árbol-, me dijo. Yo me notaba atónito, aturdido, sin saber cómo encajar esas palabras.
¿Deliraba? ¿Sufría alucinaciones? Con algo de ansiedad le pregunté si el árbol le contestaba:
-¡Sí!
-¿Y qué le dice? Respondió:
-Me dice: "Estoy aquí, estoy aquí, yo soy la vida, la vida eterna"-.
Y bueno, no he terminado el libro, le dejó yo a usted lector el siguiente recado en el refri, el mismo que se sostendrá con aquel imán de frutitas que compró su mamá en el mercado del fin de semana:
"Vuelvo en un par de días, en el refri hay comida y un par de ideas que desencadenar. Llevo en la maleta las provisiones necesarias para el viaje, no se preocupe usted. Volveré para contarle como me fue."





















